Biblioteca Popular José A. Guisasola

ESTAMOS TRABAJANDO… Disculpa las molestias.



3

Celebrar lo que no existe.
¿Hay otro camino para celebrar lo que existe?

Celebrar lo imposible.
¿Hay otro modo de celebrar lo posible?

Celebrar el silencio.
¿Hay otra manera de celebrar la palabra?

Celebrar la soledad.
¿Hay otra vía para celebrar el amor?

Celebrar el revés.
¿Hay otra forma de celebrar el derecho?

Celebrar lo que muere.
¿Hay otra senda para celebrar lo que vive?

El poema es siempre celebración
porque es siempre el extremo
de la intensidad de un pedazo del mundo,
su espalda de fervor restituido,
su puño de desenvarado entusiasmo,
su más justa pronunciación, la más firme,
como si estuviera floreciendo la voz.

El poema es siempre celebración,
aunque en sus bordes se refleje el infierno,
aunque el tiempo se crispe como un órgano herido,
aunque el funambulesco histrión que empuja las palabras
desbande sus volteretas y sus guiños.

Nada puede ocultar a lo infinito.
Su gesto es más amplio que la historia,
su paso es más largo que la vida.



6

Todo se apoya en algo
o cuelga de algo.

Pero ¿dónde se apoya
o de qué cuelga el centro?

Tal vez se apoye en su propia periferia
y también cuelgue de ella.

La rosa se apoya en la tierra
pero en verdad cuelga del cielo.

El pensar se apoya en un desliz del cuerpo,
pero en verdad cuelga del sueño.

El amor se apoya en un espacio recortado,
pero en verdad cuelga de un tiempo recortado.

La presencia se apoya en lo que hay,
pero en verdad cuelga de lo que no hay.

El centro se apoya en un vacío,
pero en verdad cuelga de otro.



11

Cada cosa es un mensaje,
un pulso que se muestra,
una escotilla en el vacío.

Pero entre los mensajes de las cosas
se van dibujando otros mensajes,
allí en el intervalo,
entre una cosa y otra,
conformados por ellas y sin ellas,
como si lo que está
decidiera sin querer el estar
de aquello que no está.

Buscar esos mensajes intermedios,
la forma que se forma entre las formas,
es completar el código.
O tal vez descubrirlo.

Buscar la rosa
que queda entre las rosas.

Y aunque no sean rosas.



12

Dormir es otra forma de pensar.
Pensar es otra forma de soñar.
Soñar es otra forma de no ser.
No ser es otra forma de existir.

La rueda gira y gira.
Los caminos se enrollan
alrededor de la rueda
y la rueda se los lleva
como empolvadas cintas.

La rueda gira y gira,
pero ya no hay camino.

(a Roger Munier)


14

También el infinito
tiene un derecho y un revés.

Los dioses siempre están al derecho,
aunque a veces se acuerden quizá del otro lado.
El hombre siempre está al revés
y no puede acordarse de otra parte.

Pero también el infinito
suele dar vueltas en el aire como una moneda,
que no sabemos quién arroja
con sus giros de sarcásticas guiñadas.

Y así cambian a veces los papeles,
pero no seguramente la memoria.
El hombre es el revés del infinito,
aunque el azar lo traslade un instante al otro lado.

(para Michel Camus y Claire Tiévant)


23

No hay tiempo.
Ya no hay tiempo.
Pero ¿alguna vez hubo tiempo?

La ilusión de la vida por delante
se conjuga con el verbo
de la vida por detrás.

Y todo transcurrir no es más que un punto,
quizá un punto extensible
o el revés de ese punto,
porque el tiempo es puntual.

Un punto que a veces se desliza levemente,
como una gota de asombro de la luz
o un inesperado corpúsculo de sombra,
tan sólo para justificar algo parecido a un nivel
en el barómetro casi fijo
que mide la presión imposible de la vida.

O tal vez simplemente
la presión diagonal de lo imposible.



24

Hay que vivir lo que no tenemos,
por ejemplo la desolada perfección de la palabra,
la sonrisa resistente de los muertos,
el mediodía neto de las medianoches,
los vericuetos desesperados de la espuma
o la rancia vejez de lo recién nacido.

Porque aunque tampoco tengamos
lo que tenemos,
lo que no tenemos
nos abre más la vida.

Desheredados del centro,
la única herencia que nos queda
está en lo descentrado.



32

Me he apartado de mí,
pero más de mi ausencia.

Me he apartado del collar de colores
que usan los hombres cuando olvidan,
de la voz que se ahoga
en el agua inocente de mi vaso,
de la luna demorada en el templo,
de las palabras neutras como tiza,
del corazón rodando en pedregullo.

Me he apartado de todo,
pero más de su ausencia.

Y después he vivido
más cerca de la vida.



35

Me dirijo palabras a mí mismo,
como si añorase a otro en mí,
caleidoscopio autoverbal
que a menudo me traba
las otras formas de elocución o diálogo.
Y también el silencio
y sus imperceptibles expansiones.

Pero todo ¿para qué?
No es más que otra variante
de la voz que clama en el desierto.

Sin embargo,
esas palabras que me digo a mí mismo
me preservan de tumores crecientes,
me salvan la sobreluz de lo salvaje
y me devuelven la perdida oración,
con este nuevo rito
de rezarme a mí mismo.

Porque toda oración es autónoma de su destinatario
y puede dirigirse hasta a una piedra del camino.



37

Inaugurar la trasparencia.
Ver a través de un cuerpo, de una idea,
de un amor, de la locura,
divisar sin estorbo el otro lado,
traspasar de parte a parte
el trompo ubicuo de ser algo.
No sólo penetrar con el ojo en la roca
sino también salir por su revés.

Y algo más todavía:
inaugurar la transparencia
es abolir un lado y el otro
y encontrar por fin el centro.
Y es poder no seguir,
porque ya no es preciso,
porque una cosa deja de ser interferencia,
porque el más allá y el más acá se han unido.

Inaugurar la transparencia
es hallarte en tu sitio.
(para Laura)


40

Me ha despertado una palabra entre mis labios,
una palabra que parecía pronunciarse a sí misma.

¿Tendrán acaso algunas palabras
la autonomía suficiente
para ejercer su propia iniciativa,
articular los órganos precisos
y ascender la cuesta del sonido?

¿Y quizá alguna de esas palabras
no podrá también prescindir de las formalidades habituales,
descartar la fonética
y generarse a solas, por su cuenta?

Tal vez mañana venga otra palabra,
que nadie ha pronunciado,
a entreabrirme los labios desde afuera.
Entonces perderé para siempre
la administración fugaz de mi silencio
y el control engañoso de mi voz.



45

Cada crepúsculo resume,
no sabemos bien cómo,
los días que nos faltan.

Es como el adelanto de un suspiro,
una preparación para lo informe,
un contrabando de la espera.

Cada crepúsculo nos borra
un poco más de nuestro nombre.

Cada crepúsculo nos trae
un poco más de nuestra ausencia.

Hasta que cada uno aparece
como un punto de referencia
inventado por el crepúsculo.



46

Se ha perdido una nota.
No sabemos el compás ni la escala,
pero la obra se descompone hacia el poniente
como una flecha rozada al pasar por una pluma.

Se ha extraviado una línea.
No sabemos la figura o el cuadro,
pero la imagen se acorrala contra un borde
como una fiesta en cuyo centro cae un fruto negro.

Se ha borrado un matiz.
No sabemos en qué zona o qué mundo,
pero esa casi nada irreparable
lo hiere todo para siempre.



50

Somos el borrador de un texto
que nunca será pasado en limpio.

Con palabras tachadas,
repetidas,
mal escritas
y hasta con faltas de ortografía.

Con palabras que esperan,
como todas las palabras esperan,
pero aquí abandonadas,
doblemente abandonadas
entre márgenes desprolijos y yertos.

Bastaría, sin embargo, que este tosco borrador
fuera leído una sola vez en voz alta,
para que ya no esperásemos más
ningún texto definitivo.



Fuentes consultadas:

»Roberto Juarroz. Poesía Vertical I - Emecé

»Poesía Vertical. Antología Esencial. Roberto Juarroz. Selección de Sandra Santana Mora y Beatriz San Vicente. Supervisada por Laura Cerrato. (PDF)

»Blog: Vomité un Conejito, de Silvia C. Navarro.
https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/08/18/novena-poesia-vertical-de-roberto-juarroz/

» Poesía Abierta, blog de Jesús Malia
http://poesiaabierta.blogspot.com/search/label/Roberto%20Juarroz


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Selección y curaduría:
Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»

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