1
¿Dónde está la sombra
de un objeto apoyado contra la pared?
¿Dónde está la imagen
de un espejo apoyado contra la noche?
¿Dónde está la vida
de una criatura apoyada contra sí misma?
¿Dónde está el imperio
de un hombre apoyado contra la muerte?
¿Dónde está la luz
de un dios apoyado contra la nada?
Tal vez en esos espacios sin espacio
esté lo que buscamos.
4
Hay que alcanzar esa mirada
que mira a uno como si fuera dos.
Y después mira a dos
como si fueran uno.
Y luego todavía
mira a uno y a dos
como si fueran ninguno.
Es la mirada que escribe y borra al mismo tiempo,
que dibuja y suspende las líneas,
que desvincula y une
simplemente mirando.
La mirada que no es diferente
afuera y adentro del sueño.
La mirada sin zonas intermedias.
La mirada que se crea a sí misma al mirar.
5
El vacío de la mano cerrada
es mayor que el de la mano abierta,
pero no basta abrir la mano
para que disminuya el vacío:
es preciso también abrir el aire que la envuelve,
las sombras de la mano,
el recuerdo de las formas que tuvo.
Para abreviar el vacío
hay que abreviar también el mundo.
8
Debemos conseguir que el texto que leemos
nos lea.
Debemos conseguir que la música que escuchamos
nos oiga.
Debemos conseguir que aquello que amamos
parezca por lo menos amarnos.
Es preciso demoler la ilusión
de una realidad con un solo sentido.
Es necesario por ahora
que cada cosa tenga por lo menos dos,
aunque en el fondo sepamos
que si algo no tiene todos los sentidos
no tiene ninguno.
Debemos conseguir que la rosa
que acabamos de crear al mirarla
nos cree a su vez.
Y lograr que luego
engendre de nuevo al infinito.
9
Tengo un pájaro negro
para que vuele de noche.
Y para que vuele de día
tengo un pájaro vacío.
Pero he descubierto
que ambos se han puesto de acuerdo
para ocupar el mismo nido,
la misma soledad.
Por eso, a veces,
suelo quitarles ese nido,
para ver qué hacen
cuando les falta el retorno.
Y así he aprendido
un increíble dibujo:
el vuelo sin condiciones
en lo absolutamente abierto.
(para Laura, todavía)
11
Desgarrar el papel al escribir
para que desde el comienzo
asome por debajo el deterioro,
el desgaste, el hundimiento
al que se debe someter toda escritura.
Esa invalidez inaugural
limará las palabras
y acortará los desahogos,
hasta que surja el hilo retorcido
y ajustadamente abismal
del lenguaje correspondiente al hombre.
Que la escritura desguarnezca
a la mano que simula providencias.
Que la escritura no contribuya a armar la máscara
sino el rostro sin afeites que oficiamos.
Que la escritura enrole en su constancia
la cantera y la piedra,
la secuencia y el término,
la destrucción y el límite.
12
Edificar una sola vez un día totalmente claro
y dejar que en sus múltiples y abiertos aposentos
cada forma se comporte como quiera.
Que la mano cambie entonces su imagen
y el pájaro la suya
o que ambos las intercambien en su oficio
de acorralar partículas del aire.
Que el tiempo bastonero se haga a un lado,
baje su voz la muerte
y el reloj de la torre
comience a ir hacia atrás o a la deriva
o se titule nube y abandone su sitio.
Que hoy deje su forma de ser hoy
y tome la forma de ser siempre
o por lo menos la del agua,
un agua transparentemente sola,
un resumen del agua.
Que las cosas escapen de sus formas,
que las formas escapen de sus cosas
y que vuelvan a unirse de otro modo.
El mundo se repite demasiado.
Es hora de fundar un nuevo mundo.
13
El centro del amor
no siempre coincide
con el centro de la vida.
Ambos centros
se buscan entonces
como dos animales atribulados.
Pero casi nunca se encuentran,
porque la clave de la coincidencia es otra:
nacer juntos.
Nacer juntos,
como debieran nacer y morir
todos los amantes.
14
Los poemas inacabados,
los poemas que se abandonan como una derrota,
dejan sus imágenes en algún rincón desconocido
donde poco a poco se va formando solitario otro poema,
un poema que tal vez algún día encontraremos.
Así nacen las formas en la noche,
como criaturas aparentemente descartadas.
Y no alcanza una sola mañana
para que surjan a la luz.
Las líneas de la germinación y de la espera
dibujan intraducibles jeroglíficos
sobre la piel que separa en todas partes
el silencio y la palabra.
Hasta que llega la conjunción reparadora
que viste con esa piel el cuerpo nuevo
y recoge las antiguas imágenes,
porque ninguna imagen se pierde.
17
Mientras duermes
tu mano me transmite imprevistamente una caricia.
¿Qué zona tuya la ha creado,
qué autónoma región del amor,
qué parte reservada del encuentro?
Mientras duermes
te conozco de nuevo.
Y quisiera irme contigo
al lugar donde nació esa caricia.
20
Barrer de vez en cuando el pensamiento
hasta dejarlo como un patio vacío,
para que allí dibujen sus piruetas
los acróbatas del olvido.
Y aunque las precoces hormigas del recuerdo
trabajen por debajo,
surgirá de pronto un pensamiento diferente,
un pensamiento quizá frágil, tal vez roto,
pero con otra sustancia entretejida.
Y no importará de dónde venga.
El pensar debe ser siempre otra cosa,
por ejemplo la imagen de una imagen sin sombra
en un patio vacío.
23
Despertar imprudentemente cuando no corresponde
es a veces descubrir un secreto del mundo,
la mirada oculta de una cosa,
la conducta reservada de otra,
la atmósfera tangencial que respiramos.
Suele ocurrir entonces,
por un descuido del orden o el desorden,
que una atadura imite a la libertad,
la muerte se sosiegue por un rato,
una espina se desarme como una flor implícita
o el retrovisor de la noche
acumule su óptica en la nuca del día.
Es como si el mundo inventara otro mundo
cuando no es observado,
otro mundo que no siempre logra ocultar a tiempo
cuando alguien de improviso fractura
el programado sopor que nos habita.
Desde entonces sabemos
que todo mundo necesita por lo menos dos mundos,
aunque la contraseña sea
acreditar nada más que uno solo.
28
El rompecabezas de nuestros pretendidos aciertos
y nuestros aparentes errores,
parece concebido por un anónimo maniático
que hubiese roto jugando todas las figuras
y no quiere o no sabe recomponerlas,
ni permite tampoco que otro lo intente.
Ese despilfarro de formas,
ese confuso derroche de lo debido y lo indebido,
agota todas las reservas
y también la fuerza generatriz que las renueva.
Únicamente resta una fórmula:
ante un insoluble laberinto
construir otro más enmarañado,
que desconcierte al primero.
29
A veces parece que todo cuanto hacemos
ya ha sido hecho exactamente igual un momento antes,
como si frente a su incontenible inminencia
lo copiara o reprodujeran previamente
o como si alguien corrigiese la secuencia del tiempo
y se nos anticipara con extraña y minuciosa inmediatez.
Tal vez sea éste un curioso procedimiento
para probar la inocuidad de lo que hacemos,
pero podría ser también la evidencia más palpable
de un universo excesivamente celoso
de cualquier movimiento del hombre.
La realidad carece de escrúpulos
y no la arredra ni aún plagiar textualmente por adelantado.
34
Todo el pasado se me ha vuelto loco,
una sola masa líquida,
una secuencia única,
un solo día o una sola noche.
Y además de quedarse sin fechas ni períodos,
ha perdido también su orden cronológico,
su antes, su después, su recién, su hace mucho.
Tan sólo falta ahora que cese
la diferenciación entre olvido y recuerdo
y entre los efectos y las causas de un hecho.
El pasado es por lo tanto algo modificable,
quizá más que el presente,
pero seguramente menos que el futuro.
¿Dónde colgar entonces las historias gastadas?
Necesitaríamos por lo menos un clavo en alguna pared
para colgar allí con las manos del hombre
la consigna veleidosa del tiempo
y sobre todo su inhumana estrategia,
como una raída vestidura,
tal vez solamente pintada
sobre la tela casi neutra de un cuadro.
36
Poner junto a la alegría por la hoja que está
la alegría por la hoja que no está
y con ambas construir la alegría
por la hoja que ni está ni no está.
Aunque apenas alcance
para ocupar el espacio
de la hoja que falta en el pensamiento.
38
Las situaciones que deterioran la vida
desgastan también la eternidad.
No sabemos si la eternidad tiene memoria,
pero aunque la ilusión del tiempo
se desmaye en sus redes,
el tacto carcomido de la vida
va sembrando en esa trama
sus huellas digitales.
La eternidad no tiene ritmo,
pero un insólito contagio
le va creando acentos y cesuras.
44
Hay cosas que vienen de ninguna parte
y hay más que van hacia ninguna parte.
Pero hay otras que están ya en ninguna parte.
Más que el lugar de algo,
son sus nolugares
los que permiten ubicarlo.
45
La parte de sí
que hay en el no
y la parte de no
que hay en el sí
se separan a veces de sus cauces
y se unen en otro
que ya no es sí ni no.
Por ese cauce corre el río
de los cristales más despiertos.
46
La palabra acompaña al hombre,
como el ladrido al perro
o el aroma a la flor.
¿Pero a quién acompaña el silencio?
¿Y a quién la ausencia?
¿Y a quién acompaña el vacío?
53
Hay que empezar a abandonar cada tanto la escritura
y aprender a convivir con la página en blanco,
con su llanura demasiado lisa,
con su horizonte demasiado abierto.
Hay que dejar en suspenso nuestras figuraciones
para aproximarnos a nuestras transfiguraciones
y dialogar con ellas en el extremo del blanco,
sin tener siquiera la letra como testigo.
57
Una hoja cae para ocultar su rostro,
su vergüenza por la violencia del otoño.
El árbol la comprende,
la tierra la comprende,
pero algo parecido a la luz
no percibe la vejez de sus bordes
de silencio quebrado.
La hoja se ha vuelto de papel.
Entonces un viento de papel la saluda:
le hace dar otra vuelta en el aire.
69
Me está sobrando dios.
Debo recordar sus extremos
y recuperar el habla,
antes que se borren mis límites.
Debo reconocer una vez más el campo
y decirme tres o cuatro palabras,
antes que todo se unifique.
Debo trasplantar lo que amo
y asegurarle por lo menos una fuente,
antes de volverme de espaldas.
Debo salvar algunas cosas,
aunque ya no me salve,
antes que todo se pierda.
Y para eso es preciso
que dios me esté faltando.
81
Cada mañana resulta más difícil
reincorporarse al mundo,
convalidar sus fuentes de sequía,
reinstalarse en la histeria de sus ruidos,
conectar entre sí los colores,
volver a los abrevaderos de palabras,
reconocer los páramos de historia.
Cada vez es más duro
transar con la hipoteca
de vivir esta fábula
perdida entre los astros,
carcomiendo el misterio
de sentir que podíamos
haber sido otra cosa.
Cada día resulta más costoso
recomenzar el día,
a pesar los crípticos reajustes
con las intimidades de lo que no es el hombre:
los silencios como islas en la luz,
las savias que imaginan nuevos mundos,
los reflejos que consuelan a las grietas,
la nervadura de un pájaro que pasa
sin ir, sin pasar, apenas siendo un pájaro.
Y así ha crecido la sospecha:
lo imposible
ya casi no soporta a lo posible.
85
Estoy preparando mi último poema,
pero mientras tanto me distraigo en los penúltimos.
Sin embargo, todo poema es último.
Pero también lo último puede convertirse en penúltimo.
El tiempo que nos resta es como una respiración,
autónoma y también complementaria de la nuestra.
A veces se ensancha
y a veces se contrae.
El tiempo que nos resta no es siempre el mismo.
Lo último se corre
hacia atrás o adelante.
86
Me están dictando cosas,
pero no desde otro mundo u otros seres,
sino, más humildemente, desde adentro.
Pero ¿quién está adentro,
además de estar yo?
¿O tal vez no estoy yo
y he dejado mi lugar
para que otro me dicte?
Si esto es así,
no importa que el dictado
no lo comprenda nadie.
No importa ni siquiera
que lo comprenda yo.
Ser no es comprender.
Fuentes consultadas:
»Roberto Juarroz. Poesía Vertical I - Emecé
»Poesía Vertical. Antología Esencial. Roberto Juarroz. Selección de Sandra Santana Mora y Beatriz San Vicente. Supervisada por Laura Cerrato. (PDF)
»Blog: Vomité un Conejito, de Silvia C. Navarro.
https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/08/17/octava-poesia-vertical-de-roberto-juarroz/
»Roberto Juarroz. Poesía Vertical I - Emecé
»Poesía Vertical. Antología Esencial. Roberto Juarroz. Selección de Sandra Santana Mora y Beatriz San Vicente. Supervisada por Laura Cerrato. (PDF)
»Blog: Vomité un Conejito, de Silvia C. Navarro.
https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/08/17/octava-poesia-vertical-de-roberto-juarroz/







