Biblioteca Popular José A. Guisasola

ESTAMOS TRABAJANDO… Disculpa las molestias.



1

Usar la propia mano como almohada.
El cielo lo hace con sus nubes,
la tierra con sus terrones
y el árbol que cae
con su propio follaje.

Sólo así puede escucharse
la canción sin distancia,
la canción que no entra en el oído
porque está en el oído,
la única canción que no se repite.

Todo hombre necesita
una canción intraducible.



5

Un poema quebrado,
como un tronco partido por un rayo,
como un tallo roto
por el propio delirio de la flor que sostiene,
exhibe de pronto en el lugar de su ruptura
algo que se parece a un regreso.

La vergüenza de amar sólo lo múltiple
va convirtiendo al amor en locura,
en un sol que se desplaza de improviso
a la vereda de enfrente.

El poema se quiebra
para que el amor reconozca en su propia sustancia
la unidad de lo múltiple
y pierda su vergüenza.

El poema se quiebra
para que el sol regrese.



7

Llevamos una señal en la frente
y otra señal en la nuca.
A veces nos parece que adelante está el signo de la vida
y atrás el de la muerte.
Pero hay días en que el orden se invierte.
Y hay todavía otros días
en que llevamos adelante y atrás
la misma señal.

De cualquier modo,
este juego nos prueba
que existimos entre dos señales
o por lo menos dentro de una.

Sin embargo,
queda aún otra posibilidad:
que se trate de ninguna señal
y dos puntos de vista.



9

Toda palabra llama a otra palabra.
Toda palabra es un imán verbal,
un polo de atracción variable
que inaugura siempre nuevas constelaciones.

Una palabra es todo el lenguaje,
pero es también la fundación
de todas las transgresiones del lenguaje,
la base donde se afirma siempre un antilenguaje.

Una palabra es todavía el hombre.
Dos palabras son ya el abismo.
Una palabra puede abrir una puerta.
Dos palabras la borran.



16

¿Es la poesía un pretexto de la locura?
¿O es la locura un pretexto de la poesía?

¿O las dos son un pretexto de otra cosa,
de otra cosa excesivamente justa
y que no puede hablar?

(a Elkin Restrepo)


18

¿Para qué hablar?
Pero ¿para qué callar?

No hay oído para nuestra palabra,
pero tampoco hay oído para nuestro silencio.
Ambos se alimentan únicamente entre sí.

Y a veces intercambian sus zonas,
como si quisieran mutuamente ampararse.



24

La naturaleza del tiempo
es radicalmente injusta.
Debería ser posible invertir su sentido
o escoger por lo menos
entre ir hacia ayer o mañana.

Y también debería ser posible
detenerse en un hueco del tiempo,
sin el estremecimiento de una mano que tiembla
al sostener a otra mano que tiembla
para poder escribir una sola palabra,
pero no de este lado
sino del otro lado del muro.

¿Para qué tantos lugares
si uno solo bastaba?
¿Para qué tantas horas
si bastaba una sola?

Las agujas del reloj y la brújula
deberían señalar hacia el centro de la esfera.



29

Cuando se ha puesto una vez el pie del otro lado
y se puede sin embargo volver,
ya nunca más se pisará como antes
y poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.

Es el aprendizaje
que se convierte en lo aprendido,
el pleno aprendizaje
que después no se resigna
a que todo lo demás,
sobre todo el amor,
no haga lo mismo.

El otro lado es el mayor contagio.
Hasta los mismos ojos cambian de color
y adquieren el tono transparente de las fábulas.



36

Vivir es irreal.
Es como soplar unas plumas
sobre la palma de la mano.

Pero hay varias clases de irrealidad.
Y esa mano gira a veces
y nos devuelve el soplo.



38

La mano se extiende,
pero a mitad de camino
la detiene una imagen.
Y se marcha entonces con ella,
no para poseerla
sino tan sólo para entrar en su juego.

La mano ha comenzado a enamorarse en el camino
y así la posesión y el don se le escapan.
La mano ha cambiado su destino
por un vuelo que no es el vuelo del pájaro,
sino un abandono a las mareas que no tienen costa
o a los desequilibrios de una sabiduría diferente.

La mano ha renunciado a su objeto
y ha adquirido el valor de su distracción.

La mano ha renunciado a salvarse.



39

En las entrañas del verano,
como una fibra más clara,
repercute la voz del heladero.

No es la infancia que vuelve.
No es algo de dios que se ha vestido de blanco.
No es una luna en el día.

Es sólo lo posible
que nos demuestra su existencia.

Lo imposible no levanta nunca la voz.



40

El genio del olvido
ejecuta la partitura del olvido
en el teclado de la memoria.

Es el príncipe o monarca
no reconocido
por el régimen de fuerza del recuerdo.

La partitura del recuerdo
no necesita a nadie que la ejecute.
La partitura del recuerdo
puede ser ejecutada por el viento.

La obra del olvido
prueba que recordar es fácil
y olvidar es difícil.

El olvido se acumula
como un anillo de fondo en las raíces.
El recuerdo no es más que un sueño
especialmente pesado
del olvido.



42

El hombre es siempre
el constructor de una cárcel.
Y no se conoce a un hombre
hasta saber qué cárcel ha construido.

Algunas veces parece sólo la propia,
pero siempre es también la de otros.
Y no le basta con construir la prisión:
aporta también el carcelero.

Lo único que el hombre no pone
es el material para hacer la prisión,
porque sobra en todas partes.

Pero hay otra cosa
que no sabemos quién la pone:
el combustible para el incendio.

Porque si todo hombre es la historia de sus cárceles,
la lamentable historia de un ex presidiario
que vuelve a su prisión
o inaugura otra,
a veces es también la historia de quemarse
al incendiar la mayor de sus prisiones.
O ni siquiera la mayor:
la que estaba en el límite.

(a Carlos y Marcela)


43

Estoy contigo.
Pero por encima de tu hombro
me dice adiós tu mano que se aleja.

Entonces yo contengo mi mano
para que no nos traicione ella también.

E insisto:
estoy contigo.
Los innegables títulos del adiós
abandonan entonces provisoriamente sus derechos.

Y nuestras manos se aquietan
en las equidistancias de estar juntos.



44

Recostado contra el filo de los días
como un mendigo contra el muro,
redescubro todas las cosas del mundo
y subsidiariamente encuentro también otras cosas
que no están en el mundo.

No importa si algunas las invento:
son ritos diferentes de una misma constancia,
franjas del arco iris
por el que pasa toda cosa.

Yo que estoy en el mundo
y estoy fuera del mundo,
siento que no me basta
y también me imagino.

Y si la vida no nos contuviera,
seguramente descubriríamos otras dimensiones
por las que toda cosa pasa,
tal vez sus descartados infinitos.



54

La ventaja de los hombres planos
es que pueden vivir en casas planas
y pensar pensamientos planos,
que caben entre las hojas de los libros.

No necesitan pasos en la noche
ni ramas en los árboles.
No necesitan muchas habitaciones,
ni templos, ni caricias, ni candados.

Los hombres planos tapan las miradas
con tapones de corcho.
Y en sus casas no puede entrar la muerte
porque no encuentra espacio.

Los hombres planos siempre nos despistan,
aunque no tengan sombra.
La luna les va tejiendo corazones
y el tiempo les va tejiendo resultados.

Si les falta un candil, siempre arde alguna vela.
Si les falta la voz, el viento los disfraza.
Y les basta un perfil para ubicarse,
mientras llega su noche sin relieves.



61

Cada uno tiene
su pedazo de tiempo
y su pedazo de espacio,
su fragmento de vida
y su fragmento de muerte.

Pero a veces los pedazos se cambian
y alguien vive con la vida de otro
o alguien muere con la muerte de otro.

Casi nadie está hecho
tan sólo con lo propio.

Pero hay muchos que son
nada más que un error:
están hechos con trozos
totalmente cambiados.



64

El decidido abandono con que yo me sueño
no ha medido los árboles
ni calzado los ríos,
pero sabe su sombra y su corriente.

El obstinado empeño con que yo te sueño
no ha contado los pasos
ni ha partido los días,
pero sabe tu senda y tus cansancios.

El congregado gesto con que sueño
la cuota irremediable de mis miedos
sabe que el sueño suficiente de una cosa
es su único nombre verdadero.



67

Los alrededores de una cosa
van bebiendo su color y su forma
y a veces la rescatan
de su propia presencia.

Entre la presencia y la ausencia
existen muchas instancias intermedias.
Por eso hay regresos
que no vienen de una ausencia
y recuerdos que no surgen de un olvido.

En cambio,
son muy pocas las cosas
que pueden ser rescatadas de su ausencia.



77

Buscaré lo perdido
para volver a perderlo
en el trámite oculto
de las nuevas cosechas.

Para que en cada grano
estén todas las germinaciones,
todos los brotes
y todos los fracasos,
todos los movimientos olvidados.

Para que el eco de la tierra
regrese a la tierra,
para que el eco del hombre
vuelva al hombre
como una palabra que no quiere partir.

Porque esta flor y su secreto
no pueden abrirse más que aquí.



92

Las cosas nos imitan.
Un papel arrastrado por el viento
reproduce los tropezones del hombre.
Los ruidos aprenden a hablar como nosotros.
La ropa adquiere nuestra forma.

Las cosas nos imitan.
Pero al final
nosotros imitaremos a las cosas.



94

No hay regreso.
Pero existen algunos movimientos
que se parecen al regreso
como el relámpago a la luz.

Es como si fueran
formas físicas del recuerdo,
un rostro que vuelve a formarse entre las manos,
un paisaje hundido que se reinstala en la retina,
tratar de medir de nuevo la distancia que nos separa de la tierra,
volver a comprobar que los pájaros nos siguen vigilando.

No hay regreso.
Sin embargo,
todo es una invertida expectativa
que crece hacia atrás.



96

Escapar de la mirada de los otros,
como un nudo del hilo.
Escapar después de la propia mirada,
como un hilo de sus propios extremos.
Y escapar luego de la mirada de las cosas,
para disipar del todo el ahogo.

Y llegar a no ver lo que la mano escribe,
a no ver lo que los ojos escriben,
sabiendo que el último poema
se parecerá al primero,
como la línea de la mano
se parece a la línea de pie.

Pero ¿cómo escapar
de la mirada que nos rodea aunque no haya nada?
Quizá únicamente si crecemos hacia atrás,
si crecemos hacia lo pequeño,
si crecemos hasta merecer la nada.



103

Siento que algo ha terminado.
No es la vida todavía.
No es tampoco el poema,
ni la canción que me derrota,
ni el terco sueño que ata al hombre,
ni el antisueño que nos salva de dios.

Debe ser el ir hacia las cosas:
ya he aprendido a dejar que ellas vengan.
Debe ser la raya de sumar:
ya las cuentas no me sirven de nada.
Debe ser la esperanza alternativa
de ir voceando tu nombre por la muerte.

Siento que algo ha terminado.
Debe ser que algo empieza.



104

Apoyar la cabeza sobre una palabra
o sobre un color recién descubierto,
para descansar a otro nivel
o quizá para despertar a otra transparencia.

Porque llega el momento
en que hasta el sueño es una ironía
y el despertar un simulacro.
Comprendemos entonces
que no importan los límites,
sino la persuasiva permeabilidad de los límites.



106

No nos mata un momento,
sino la falta de un momento.
No nos mata una sombra,
sino la ausencia aleatoria de una sombra,
perdida probablemente en un declive
de esta insensata eternidad despareja.

No nos mata la falta de la vida,
sino el azar de un claroscuro
que se proyecta sobre una pantalla invisible.

No nos mata morir:
nos mata haber nacido.



110

La sensación de existir
disimula la creciente fragilidad de sus límites
y se refugia en la convicción de existir.

Estar vivo es una desconcertada experiencia
que se empina sobre su propia inexperiencia
y se apoya en lo no vivo
para que no se cierre el asedio.

Y algunas veces se produce el milagro:
lo vivo y lo no vivo
se encuentran en un punto intermedio,
donde la obcecación de ser
no se opone al descuido de no ser.

Una nueva fundación se cumple entonces:
el eco retrocede a su origen,
la piedra que se arrojó vuelve a la mano,
el hombre deja de ser
un amedrentado supernumerario de la muerte
y volvemos a inventar a dios,
pero ya sin ningún interés,
tan sólo por el simple gusto de adoptarlo.



112

Inventar el regreso del mundo
después de su desaparición.
E inventar un regreso a ese mundo
desde nuestra desaparición.
Y reunir las dos memorias,
para juntar todos los detalles.

Hay que ponerle pruebas al infinito,
para ver si resiste.



Fuentes consultadas:

»Roberto Juarroz. Poesía Vertical I - Emecé

»Poesía Vertical. Antología Esencial. Roberto Juarroz. Selección de Sandra Santana Mora y Beatriz San Vicente. Supervisada por Laura Cerrato. (PDF)

»Blog: Vomité un Conejito, de Silvia C. Navarro.
https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/08/16/septima-poesia-vertical-de-roberto-juarroz/

»Poesías en español, página creada y mantenida desde Madrid, Orduña y Cercedilla.
https://www.poesi.as/Roberto_Juarroz.htm


"Argentina crece leyendo"


Selección y curaduría:
Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»

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