Biblioteca Popular José A. Guisasola

ESTAMOS TRABAJANDO… Disculpa las molestias.



1

Todo salto vuelve a apoyarse.
pero en algún lugar es posible
un salto como un incendio,
un salto que consuma el espacio
donde debería terminar.

He llegado a mis inseguridades definitivas.
Aquí comienza el territorio
donde es posible quemar todos los finales
y crear el propio abismo,
para desaparecer hacia adentro.



2

Mi mirada me espera en las cosas,
para mirarme desde ellas
y despojarme de mi mirada.

Mi memoria me espera en las cosas
para demostrarme que no existe el olvido.

Y las cosas se apoyan en mí,
como si yo, que no tengo raíz,
fuera la raíz que les falta.

¿Es que tal vez las cosas
también se esperan en mí?

¿Es que todo lo que existe
se está esperando afuera de sí mismo?

¿Es que al final estarán mis brazos
abiertos para abrazarme?



4

Todo pudo haber sido nada más que silencio.
Tendríamos que haber soñado entonces con más fuerza,
hasta que las imágenes del sueño
quedaran estampadas como figuras totales
en cualquier parte del tablero unánime.
Tendríamos que haber hecho de los ojos
un instrumento de música,
para concentrar de otra manera
los efímeros intervalos de la nada.
Tendríamos que haber convertido cada abrazo
en un único grito de materia sin dueño
y haber llevado entre los dientes una bandera de adioses,
más bien como memoria de lo que pudo haber sido
que como ondulante signo de saludo.
Y sobre todo
tendríamos que haber definido de nuevo a la muerte.

Pero todo pudo haber sido también nada más que sonido.
Tendríamos que haber recogido entonces la sombra de las cosas
y haberla guardado toda junta en un rincón del mundo,
para esconder en ella la triste anormalidad del pensamiento.
Tendríamos que haber convertido el amor
en un censo de los fundamentos del olvido,
para que creciera nada más que desde allí,
como un extraño animal
que no ocupase ningún lugar en el presente
al saltar desde el pasado hacia el futuro.
Y tendríamos que haber encogido las palabras
hasta transformarlas en neutros guijarros,
para pavimentar con ellas el camino impasible
o arrojarlas al aire demasiado sonoro
como manos suplentes del hombre.
Y sobre todo
tendríamos que haber definido de nuevo a la vida.

Pero aunque en cualquiera de ambos casos
hubiera quedado el hombre dispensado
de ser esta señal que nadie entiende ni recoge,
su forma habría seguido siendo un irónico signo
entre las nuevas definiciones,
también seguramente tautológicas,
de la vida y la muerte.



5

Hago un pozo
para buscar una palabra enterrada.
Si la encuentro,
la palabra cerrará el pozo.
Si no la encuentro,
el pozo quedará abierto para siempre en mi voz.

La búsqueda de lo enterrado
supone adoptar los vacíos que fracasan.



7

¿Cómo amar lo imperfecto,
si escuchamos a través de las cosas
cómo nos llama lo perfecto?

¿Cómo alcanzar a seguir
en la caída o el fracaso de las cosas
la huella de lo que no cae ni fracasa?

Quizá debamos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada.



8

El fruto es el resumen del árbol,
el pájaro es el resumen del aire,
la sangre es el resumen del hombre,
el ser es el resumen de la nada.

La metafísica del viento
se notifica de todos los resúmenes
y del túnel que excavan las palabras
por debajo de todos los resúmenes.

Porque la palabra no es el grito,
sino recibimiento o despedida.
La palabra es el resumen del silencio,
del silencio, que es resumen de todo.



9

¿Quién puede soportar cuatro velas
velando a una rosa?
¿Quién puede soportar una mano
arrastrada por el río
cuando iba a alcanzar a otra mano?
¿Quién puede soportar un temblor
en el rostro consagrado de un muerto?
¿Quién puede soportar un tumulto
en el pozo de una noche sin dios?
¿Quién puede soportar que algo termine
mientras todo lo demás continúa?
¿Quién puede soportar el contrapunto
de esta música negra
y estos silencios blancos?

Quien pueda soportar
que pase al frente.

¿Pero al frente de qué?



10

Crear algunas palabras para no decir,
tan sólo para contemplarlas
como si fueran rostros
de recién nacidas criaturas del abismo.

Crear esas palabras
con la exaltada gratuidad
de un fuego que no va a ser utilizado
y que sólo arderá como un espejo hipnótico
de nuestra propia gratuidad fundamental.

Crear esas palabras
únicamente para que el juego continúe
como si cierto mar que no existe
esperara a la vez
ciertos peces que no existen
y ciertas olas que sin embargo existen.



11

Parecería que alguien,
escondido entre las bambalinas de la vida,
introduce en nuestro diálogo
frases que no nos pertenecen.
El apócrifo apuntador,
simulando nuestra voz,
las coloca en los espacios insalvables
que dejan entre sí las palabras del hombre.

Todo lenguaje es un malentendido.
Pero esta oscura interferencia va más lejos
y se introduce en nuestra soledad,
en los intersticios del monólogo
que cada cual sostiene
como la última columna de su templo.

¿Hacia quién
o por lo menos hacia dónde
podemos entonces hablar?

La palabra propia del hombre
todavía no existe.



12

Cuando se apaga la última lámpara
no sólo se apaga algo mayor que la luz:
también se enciende la sombra.

Debería haber sin embargo lámparas
que sirvieran exclusivamente
para encender la sombra.
¿No hay acaso miradas para no ver,
vidas nada más que para morir
y amores sólo para el olvido?

Hay por lo menos ciertas tinieblas predilectas
que merecen su propia lámpara de oscuridad.



13

Gastar por anticipado el tiempo de la muerte,
consumir el silencio del futuro
como una flor enterrada,
vivir a crédito
de la eternidad imparcial que nos espera,
poner entre las mañanas y las tardes
algo más digno de fe que el mediodía
y aprender a pararse en las palabras,
aunque estén acostadas.

Tal vez así la muerte dure menos,
la vida use otras puertas
y no se cansen tanto
los ojos que nos miran.



15

La vida nos acorta la vista
y nos alarga la mirada.

¿Cómo poner otra figura en el paisaje
sin desarticularlo como a una feria invadida por la tristeza,
sin que las nubes o los árboles se despeguen
y salten como muñecos desarmados?

¿Cómo poner una palabra en el paisaje
sin que el silencio se asuste
igual que un animal sorprendido en el bosque
o como una procesión que ha perdido su imagen?

¿Cómo poner una muerte en el paisaje
sin que se vuelva frío
y se sumerja como una flauta
con todos los agujeros tapados?

¿Cómo alargar un sueño
hasta que sea un punto en el paisaje,
una figura, una palabra o la muerte,
sin que el paisaje se desintegre como una burbuja?

Nosotros ya no podemos dejar de estar en el paisaje siguiente,
aunque sea un paisaje en blanco.
Nosotros ya no podemos dejar de estar en la página siguiente,
aunque la hayan arrancado.

(Para Laura)


18

Toda cosa señala hacia otra cosa.

¿Hacia dónde señala
la historia vertical del árbol?
¿Hacia dónde señala
el oasis de tu cuerpo?
¿Hacia dónde señala la luz
y hacia dónde la noche?
¿Hacia dónde señala
la metódica rigidez de los muertos?

Tal vez todo señala hacia algún centro.
Pero todo centro señala hacia afuera.



19

Algunos de nuestros gritos
se detienen junto a nosotros
y nos miran fijamente
como si quisieran consolarnos de ellos mismos.

Algunas palabras que hemos dicho
regresan y se paran a nuestro lado
como si quisieran convencernos
de que llegaron a alguna otra parte.

Algunos de nuestros silencios
toman la forma de una mujer que nos abraza
como si quisieran secarnos
el sudor de las ternuras solitarias.

Algunas de nuestras miradas
retornan para comprobarse en nosotros
o quizá para permitir que nos miremos desde enfrente
como si quisieran demostrarnos
que lo que nos ocurre
es una copia de lo que no nos ocurre.

Hay momentos y hasta quizá una edad de nuestra imagen
en que todo cuanto sale de ella
vuelve como un espejo a confirmarla
en la propia constancia de sus líneas.

Así se va integrando
nuestro pueblo más secreto.



20

Callar puede ser una música,
una melodía diferente,
que se borda con hilos de ausencia
sobre el revés de un extraño tejido.

La imaginación es la verdadera historia del mundo.
La luz presiona hacia abajo.
La vida se derrama de pronto por un hilo suelto.

Callar puede ser una música
o también el vacío,
ya que hablar es taparlo.

O callar puede ser tal vez
la música del vacío.



26

La campana está llena de viento,
aunque no suene.
El pájaro está lleno de vuelo,
aunque esté quieto.
El cielo está lleno de nubes,
aunque esté solo.
La palabra está llena de voz,
aunque nadie la diga.
Toda cosa está llena de fugas,
aunque no haya caminos.

Todas las cosas huyen
hacia su presencia.



30

El árbol es una lección de presencia,
una lección sin precedentes,
donde se reúnen como en una dimensión
o tiempo o ejemplo distinto
las preguntas del recuerdo
y las preguntas del olvido.

La canción en cambio es siempre
una forma de la ausencia,
un eco del polvo que se levanta
en lugar de la palabra que no existe.
Pero no sólo es una magia la presencia:
también es una magia la ausencia.
Por eso el árbol y la canción estarán siempre juntos,
aunque el invierno abata las palabras y las hojas.



31

El material con que se construyen las palabras
y la argamasa que lo une
me han ido enseñando poco a poco
un ritmo secreto y solitario.

He aprendido así que toda construcción es una música
y que toda música está hecha de miradas.
La mirada de una palabra es su sentido,
entre los párpados temblorosos de una pérdida.

Porque no somos nosotros los que miramos las palabras:
son ellas las que nos miran a nosotros
y quizá también más allá de nosotros,
parpadeando con un ritmo secreto y solitario.

Tal vez mañana encuentre una palabra
que ya no mire hacia ninguna parte
y que tampoco parpadee.
Una palabra que se deje mirar.



32

Muchas cosas me atan.
Por ejemplo,
las múltiples partidas.
Y también las múltiples llegadas.
Y quizá, sobre todo,
los innumerables sucedáneos
de partir y llegar.

Me atan las rutinas del cuerpo enamorado
y las incorruptibles decadencias,
las zonas pisoteadas del tiempo,
la visión de este mundo y de cualquiera.

Y pensándolo bien,
tal vez todo me ata.

Pero el último nudo me desata.



34

Cada hombre lleva un ángel,
pero no una asexuada telaraña con alas
que lo protege como un paraguas,
sino la réplica justa
de cada uno de sus movimientos,
su copia
en la escritura con carbónico de la vida.

De ese modo,
si se pierde el original,
queda la copia.
El archivo debe estar siempre completo.



36

Despertar sin que estuvieses a mi lado
sería como dormirme más profundamente
o como descubrir de pronto
que todo es una llanura interminable.

Dormir es el riesgo de no volver a encontrarte.
Por eso llegará la noche
en que antes de dormirme
te pediré garantías
de que volverás a inaugurarme la mirada.



41

La trampa del sueño,
donde quedamos sin manos y sin pies,
donde mirar ya no nos defiende
y el correlato tibio de la sangre
se ahueca ante una inminencia
constantemente postergada.

Allí es donde algo nos revisa la vida,
inspección de los tráficos profundos,
policíaca palpación de la entraña,
algo que pareciera poseer el derecho
de escudriñarnos desde otra parte
o de llevarnos a otra parte,
bajo un foco que no parpadea como la luz
ni se arrepiente como la sombra.

Y es allí donde de pronto
nos aprisiona el todo de la nada,
donde todo lo que teníamos para ser
se convierte en todo lo que tenemos para no ser,
en los barrotes que no existen
de una cárcel que existe
y sin embargo está completamente abierta.
Porque el sueño es eso justamente:
la prisión de lo abierto.



44

Vivo entre torbellinos de palabras,
vértices sueltos
que buscan sus ángulos.
Vivo entre ramas desprendidas
que se agitan para encontrar un nuevo tronco.
Vivo entre visiones huérfanas
que buscan al final lo que perdieron al principio
y se desnudan entre dos ausencias.
Vivo en los intervalos de morirme
y en la humedad de un sueño
conectado extrañamente
con el color azul.

Vivo entre los rostros de no haber sido
y las huellas de ir a no ser,
creyendo de algún modo
que también el no ser se agota.
Vivo entre lo que no empieza
y lo que ha terminado.
Y desde estos cuadrantes
busco el cero del cero,
la nada de la nada,
la chispa del herrero
que no tiene ni martillo ni yunque.



48

Hay que descorrer un telón,
pero no sabemos dónde.
Hay que descorrer un telón,
pero tal vez el escenario esté vacío.
O quizá no lo esté
y entonces
¿Quiénes son los actores
y qué drama están representando?

¿O al abrir el telón
comprenderemos de pronto
que es para que nosotros saltemos al escenario,
aunque no exista ningún drama para representar?

¿O habrá que correr el telón
porque el escenario está de este lado
y ya no podemos demorar más
el comienzo de la representación?

Pero, en ese caso,
¿quiénes son los espectadores?
¿O no hay espectadores
y únicamente nos resta
la representación pura?



57

Si una gota de este mundo
cayera en otro mundo,
como un fruto minúsculo del polvo
en el espacio sinóptico de un sueño,
tal vez algo cambiase de sentido
en el vaivén sincronizado
de las eternas circunstancias.

Y si una gota de otro mundo
cayera en este mundo,
como un fruto sinóptico del sueño
en el espacio minúsculo del polvo,
tal vez algo cambiase de sentido
en las dudosas alternancias
que nos cobijan en sus redes.

Pero si este mundo y otro mundo
se encontraran a la mitad de su distancia,
concertando en un fruto maduro
la dulzura del polvo
y el olor húmedo del sueño,
tal vez nada cambiase de sentido,
salvo quizá la pausa de ser hombre
y la ciega espiral de su esperanza.



58

La ceguera no es siempre producto
del que no puede mirar.
En los alrededores de la vida y la muerte
hay unos puntos ciegos
en donde el ojo aprende
un ejercicio o una forma distinta del no ver.
La ceguera viene entonces de afuera,
como un viento sólido
en el que no cabe ninguna ráfaga.

Tal vez ninguna ceguera esté sólo en el ojo.
Por eso es imposible decir dónde está
cuando se enfrentan dos ciegos.
Y por eso también toda ceguera
vuelve ciego al ojo que la mira.

O dicho de otro modo:
sólo podemos ver aquello que nos ve.

Y es lo mismo decir
que en los alrededores de la vida y la muerte
hay unos puntos ciegos
o situar la ceguera del hombre
en los alrededores de la vida y la muerte.



64

Me desperté con un pedazo de sueño entre las manos
y no supe qué hacer con él.
Busqué entonces un pedazo de vigilia,
para vestir el pedazo de sueño,
pero éste ya no estaba.
Tengo ahora un pedazo de vigilia entre las manos
y no sé qué hacer con él.
A menos que encuentre otras manos
que puedan entrar con él al sueño.



72

¿Hasta dónde podrá subir
la enredadera que se apoya en el aire?

También arriba hay límites.

Y también el aire
se apoya en la enredadera.



75

Estamos aquí
como juguetes de alguien
que no sabe jugar.

Los juguetes
deben enseñarle a jugar
a quien los hizo.



94

Eres mi abandono más completo,
mi indefensión, mi zona franca,
lo que me exime de cuidarme.

Tal vez por eso en ti se juntan
mi mayor recuerdo y mi mayor olvido
y no sé si eres mi compañía
o eres ya mi soledad.



101

La trampa de estar solo
no se abre en la trampa mayor de estar con otro,
ni tampoco en la trampa del cero,
sino en la montaña de reflejos que danzan
o en la última luz sobre una vida
enceguecida de ocasos.

El hombre es la oración de dios
o dios es la oración del hombre.
Demos las gracias entonces a lo que no existe,
por nuestra inexistencia que existe.
Y después,
abramos o cerremos del todo
la puerta de la trampa.



102

El cielo ya no es una esperanza,
sino tan sólo una expectativa.
El infierno ya no es una condena,
sino tan sólo un vacío.

El hombre ya no se salva ni se pierde:
tan sólo a veces canta en el camino.



110

Recoger el futuro,
ya que no sabemos recoger el pasado,
ni hacer un ramo del presente,
ni secuestrar la eternidad.

Recoger el confín de las miradas,
las paternidades en trámite,
las categorías del poniente,
las irrisorias formalidades
de crecer hacia nada.

Recoger las puniciones de la vida
y la impunidad de la muerte,
la prevaricación de la esperanza,
el discurso de las premoniciones,
el silencio de las inminencias
y la última estrofa de todos los cantos.

Y aprender así que lo imposible
no está un paso más allá de lo posible,
sino un paso más acá.



Fuentes consultadas:

»Roberto Juarroz. Poesía Vertical I - Emecé

»Poesía Vertical. Antología Esencial. Roberto Juarroz. Selección de Sandra Santana Mora y Beatriz San Vicente. Supervisada por Laura Cerrato. (PDF)

»Blog: Vomité un Conejito, de Silvia C. Navarro.
https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/08/15/sexta-poesia-vertical-de-roberto-juarroz/

»Poesías en español, página creada y mantenida desde Madrid, Orduña y Cercedilla.
https://www.poesi.as/Roberto_Juarroz.htm

»Material de Lectura - UNAM - México
https://materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/roberto-juarroz-135.pdf

"Argentina crece leyendo"


Selección y curaduría:
Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»

Ir Arriba